03 marzo, 2008

Sangre Azul, Nubes Rojas.

Sentimos que vivimos porque padecemos, sentimos que vivimos porque reímos, sentimos que vivimos porque cuando nos hieren, de la herida sale sangre y nos duele.

Derramar sangre es símbolo de vida y de muerte al mismo tiempo. Ver la sangre correr, gotear por nuestra piel, sentir su calidez al salir y su enfriamiento repentino, eso nos asusta. Hay quien se desmaya al ver la mínima gota de ella. Y quienes han hecho de la sangre literatura, trasladándola a mundos románticos.

Yo hace tiempo que no veo la mía. Salvo cuando en vez del barbero, el que me afeita es un samurái.

Tenía un amigo, de pequeño, cuando tendríamos unos diez u onze años. Que me decía que la sangre era de color azul (no era príncipe, os lo aseguro) en vez de roja. Se lo había dicho su padre. Comentaba que la sangre dentro del organismo era azulada y una vez en contacto con el exterior se oxidaba y se volvía roja. Según él, las venas eran transparentes, incoloras, y por eso vemos las venas azules a través de la piel, y cuando se acumula sangre en nuestro interior y nos sale un hematoma.

Y yo me preguntaba, ¿Por qué se les llaman glóbulos rojos, si no son rojos? Llegue a la conclusión, de que su padre, o bien era un ignorante y nunca había ido a clases de naturales, o bien solo se inventaba las cosas para que mi amigo callase y no incordiara detrás de él haciéndole preguntas.

Mi amigo se llamaba Vicente, iba casi todos los fines de semana a estudiar a la biblioteca. Era uno de esos empollones que todos hemos tenido alguna vez en clase. Los que lloran a moco tendido si su nota baja de ocho y medio. Cosa que tampoco entendía, siempre me conformé con sacar un cinco de nota. ¿Por qué nunca mostré más interés?, ¿Por qué siempre me conformé con lo justo?, ¿Para repartir mi energía entre más actividades? Es por esto, que durante mi vida he empezado mil tareas que he dejado a mitad. Inacabadas. ¿Sera por eso que nunca me he dedicado por entero a algo?

Pensamientos a parte, un buen día, muy lluvioso, pero buen día al fin y al cabo. Vicente se dirigía como era costumbre a la biblioteca a estudiar (era viernes por la tarde, teníamos examen el lunes). Una forma como cual quiera otra de minar la infancia de un niño. Y fue al cruzar la calle, cuando el conductor de un coche, se saltó un semáforo por llevar exceso de velocidad y ayudado por la lluvia, dio contra el coche que le tocaba pasar, según un juego de colores entre rojo y verde. El cual desafortunadamente llevo a atropellar a mi amigo. El golpe fue brutal y la muerte instantánea.

Fue tan repentina, que el niño, no le dio tiempo de saber, cuanta verdad había en las palabras de su padre. Después de esto, su padre hubiera querido, que realmente la sangre que brotó de su hijo fuese de un azul esperanza. Que el coche hubiese sido transparente y no sus queridas venas y que su hijo hubiese estado molestándole a preguntas hasta hacerse viejos los dos.

Pero el rojo, de una tonalidad sueños truncados, empezó a colorear toda la carretera, la lluvia extendía la mancha. Como si se tratara de la aguada de una acuarela. Era una enorme mancha.

Grande, como una gigantesca nube. Yusra Abid intentaba dibujar la nube, tan grande como el continente asiático. Espesa y radiactiva nube creada por la explosión de una bomba atómica. Yusra tenía siete años y en el año 2.088 era muy normal ver esta clase de nubes por la televisión.

Desde hacia casi un año se había convertido casi en una obsesión, desde que vio la primera, en un documental en blanco y negro, que estaba viendo su padre. De alguna forma se le había quedado grabada en la memoria. No paraba de representar la nube que dejan las bombas después de su explosión. Cogía las acuarelas y las coloreaba de un rojo pálido, nubes grandiosamente grandes, ese tipo de setas aéreas que solo crecen bajo un tipo de bombas muy venenosas.

Yusra no tenía demasiadas amigas, pero tenía a sus pinceles. Tan solo alguna compañera de clase, era un poco tímida y eso no le ayudó en la popularidad. Pero es que cuando salía del colegio prefería la compañía de las manchas y colores.

Un viernes, por la mañana fue con su padre al mercado de animales, a ver los pájaros, a ver si de esta forma encontraba otra inspiración la pequeña. Mientras su madre estaba arreglando la casa, entró a la habitación de la niña; le extrañó ver que la joven había colgado encima del cabezal de su cama una lamina con una de sus nubes pintada. ¿Porque había escogido precisamente esa lamina de entre casi una centena?, ¿Sería esta la que mejor representaba lo que ella quería expresar?

Encima de la cama, ...coronando sus sueños. ¿Sería que Yursa veía belleza en aquel acto atroz? Transformaba un símbolo de total destrucción, erradicador de vida total, en una nube casi sonrosada. O quizás tan solo se deleitaba extendiendo el pigmento sobre la hoja, por el simple gozo de pasar el pincel sobre el papel y ver como el color se va extendiendo. Esa extraña sensación que de niños a todos nos cautiva en algún momento y nos encontramos cara a cara con el placer de crear algo nuestro.

Su madre se volvió hacia la ventana del cuarto y se quedo embobada mirando la lluvia caer. Miraba como toda aquella agua limpiaba la ciudad y cambiaba el color de todo lo que mojaba. El olor de tierra mojada también es algo que nos atrae a todos tanto como la acuarela.

Aunque las nubes grises parecían anunciar con tristeza a la madre de la joven pintora, que precisamente hoy ocurriría una de esas tragedias tan cotidianas e inesperadas...

. . .

. . .

De pronto Yursa despertó, se encontraba un poco aturdida, como si hubiese hecho un viaje muy largo. Cuando dejó de cegarle la luz, pudo abrir los ojos y ver que se encontraba en un patio lleno de niños como ella.

Allí todos jugaban y corrían de un lugar a otro, sin ninguna preocupación. Se dio cuenta de que todos incluso ella llevaban ropas ligeras y de colores claros, como las nubes que pintaba. Sin preocuparse de donde estarían sus padres ni porque allí no veía ningún adulto. Se levantó y se colocó el vestido bien, mientras, un niño se le acerco corriendo con una sonrisa esplendorosa y grande como el Sol, preguntándole.

- Hola, bienvenida, ¿Cómo te llamas?

- ¿Yo?, me llamo Yursa Abid, soy de Bagdad y me gusta mucho pintar. ¿Y tu?, ¿Como te llamas?

- A mi me gustaría algún día llegar a ser medico como mi padre, por eso leo y leo hasta cansarme… Aquí podemos hacer todo lo que queramos. Te gustará este sitio. Me llamo Vicente y soy de España. ¡Ven corre!, vamos a jugar con los demás.

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“Dedicado a los privados de libertad,

que de un soplo les eliminaron sus sueños.”

por: Ego Valor.

2 comentarios:

El insecto dijo...

Jooo, que penita. Me encanta como describes las situaciones y como avanzas la historia poco a poco llenandola de matices.

Hoy es un domingo extraño, pero siempre nos quedan esas pequeñas joyas que disfrutar. Cada semana vas a mas, justo al reves que yo jejeje.

Vincent y su Burbuja dijo...

jajaja yo cambio el registro y tu cada vez más dando directo al corazón xD

Mola mola, mucha sangre veo entre los dos xD

en breves me pongo con la nueva